El GUARDIAN ENTRE EL CENTENO
Elizabeth Pérez
¡OH, CAPITÁN, MI CAPITÁN!
Hace unos días, discutiendo sobre Educación, huelgas, sindicatos, partidos políticos y L.O.M.C.E., un maestro dijo unas palabras que se convirtieron en la semilla que da vida a este artículo, “yo muero por la Educación Pública”. Y éstas me llevaron a soñar. A imaginar a todo un colectivo con este sentir y esta pasión, decidido y luchando en su propio nombre por una causa común: una Educación para todos.
Me pregunto si será posible que humanidad y conocimiento forjen la base de un proyecto educativo de esta envergadura. Si será posible cambiar esta visión empresarial y robotizada de la Educación, que trata de "sustituir todos los valores por el valor de la eficacia", como explica Fernando Savater.
El sistema educativo español es inestable, tras casi treinta años desde la L.O.D.E. (Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación) de 1985 y un sinfín de reformas en Educación hasta la L.O.M.C.E. (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) de 2013, sigue sin dar respuesta a las necesidades de alumnos, docentes y familias.
Según declaraciones de docentes almuñequeros así como de otros muchos manifestados en foros del colectivo, continúan sin resolverse en España problemas como el abandono temprano, fracaso escolar, desmotivación, burocracia innecesaria, escasez de recursos y falta de resultados en materias clave.
Creo que son muchos los intentos fallidos del gobierno por encontrar el camino hacia una Educación justa para todos. Aunque se me ocurre pensar que tal vez, estos gobernantes están tan lejos de un C.E.I.P., de una A.C.I., de un E.O.E. y de un A.M.P.A. que no conocen la realidad de lo que ocurre y de lo que se necesita en los mismos.
Los que sí tienen respuestas eficaces son todos aquellos docentes vocacionales que se enfrentan día a día a las circunstancias precarias de la Educación en nuestros centros. Sus demandas y propuestas son las que el gobierno debe escuchar, atender y obedecer. Sobran las justificaciones, pues lo demuestran en la batalla de cada jornada, en sus centros, en sus aulas.
Como en todo conflicto y resolución es inevitable, en ocasiones, recurrir a la comparación. En el norte, Finlandia convive con una Educación Pública de éxito. Situándose entre los mejores puestos del informe P.I.S.A. (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) y ganando la admiración de la O.C.D.E. (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos). Sin embargo, su mayor riqueza no reside en los rankings que aplauden estas organizaciones, sino en la fórmula por la que los finlandeses apuestan en su Educación y de cómo son fieles a este Derecho de niños, jóvenes e incluso adultos.
Garantizan la igualdad de oportunidades para todos los niños y niñas en la Educación básica, independientemente de su sexo, posición social y origen étnico. Se protege el idioma de las minorías (sueco hablantes, indígenas sami, inmigrantes). La Educación es completamente gratuita en primaria y secundaria; en los estudios universitarios casi en su totalidad. Disfrutan de amplios beneficios sociales, servicios de subsidios para los estudiantes (salud, educación especial, idiomas), comidas escolares gratuitas, así como el transporte entre hogar y escuela, cuando el viaje es largo. Poseen una amplia red de bibliotecas públicas como centros de encuentro familiar los fines de semana. La relación entre hogar y escuela es muy estrecha, informal y cálida. Por otro lado, el acceso a la titulación de magisterio no es inferior a una nota de nueve puntos, según datos ofrecidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia en la Embajada de Madrid.
Si a esta forma idílica pero real de entender la Educación, añadimos por un lado una conexión coherente entre la etapa de primaria y secundaria, siendo el concepto “maestro” requisito fundamental para ser profesor; si se facilita que las familias participen en esta Educación logrando una conciliación entre trabajo y escuela; si se proporcionan las ayudas necesarias para que todos tengan la oportunidad de formarse en igualdad de condiciones; si entendemos que la Educación no es una burbuja aislada del resto de realidades del país y del mundo… Entonces, estaremos muy cerca de ser, algún día, unos ciudadanos “excelentes”.
Esto, ya ocurre en muchos centros, en muchas aulas y hogares españoles. Se trabaja, se lucha y se disfruta de la Educación, pero hay otros aspectos que no dependen de la decisión individual.
La situación actual, me empuja a la reflexión, a la conciencia de la importancia de la Educación y de su necesidad de protección con una ley definitiva, un Pacto de Estado, en el que participe el colectivo docente, donde se incluya a toda la comunidad educativa, dando respuesta a la realidad que la rodea. Unámonos por una Educación de todos y para todos porque nuestros niños y jóvenes de hoy serán los hombres y mujeres que tiren del carro del mañana, no olvidemos que “a menudo los hijos se nos parecen”, como cantaba Serrat; démosles las mejores herramientas por su bien, por el nuestro y por el de los que estén por venir.
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